Nací en el verano del ‘77. Crecí en Italia entre el mar, la montaña y las ruinas romanas. Fui la primera nieta de una familia pequeña y la única mujer.

Cuando llegúe a México me sentí completamente fuera de lugar. No reconocía el idioma (a pesar de ser bilingue desde siempre), la comida, la música, la forma de vestirse ni de relacionarse. Me pasó lo que a muchos: no poder distinguir una cara de la otra. Toda la gente me parecía igual… como una ciudad de clones.

Ahora me doy el lujo de pertenecer a dos tierras, dos continentes, dos culturas diferentes. No me siento ni mexicana ni italiana. Para mi la patria no existe, es un invento. Estadísticas y números sin identidad. No se extraña un país, en todo caso se extraña un barrio, pero también lo extrañarías si te mudas a unos cuantos kilómetros de distancia. Lo que si se extraña son los amigos, la familia, la comida… hasta los olores. Pero luego se pasa.

Soy documentalista de oficio. Me emociona la idea de poder explorar el mundo desde nuevos puntos de vista. Conocerlo no desde una simple y aséptica documentación de la realidad, sino desde una perspectiva especifica: la mirada del otro. Me gusta escuchar la realidad ajena y entender su dinámica.

El documental te hace comprobar que la verdad no existe, que todo es relativo. Que nada es lo que parece. La única realidad es tu realidad y será lo que tu seas capaz de ver.

Me gustan los animales y no concibo mi vida sin su compañía.

Creo firmemente en la libertad, pero también creo que no se conquista con la violencia sino con el respeto, la tolerancia, la paz, la mediación y la palabra.

De lo único que me arrepiento en mi vida es de no haber prolongado más la infancia. La infancia debería ser lo último que uno vive, no lo primero.

Este es mi blog.