Mi nonno era un hombre muy guapo. De joven, cuando todavía tenía cabello, lucía una melena de rizos rubios (según él) y tenía unos hermosos ojos azules, de ese azul parecido al color del mediterráneo. Le gustaba enseñarnos fotos de su juventud y presumirnos su peinado a la Clark Gable. Sin embargo, tenía dos defectos: era sordo y sufría de rebeldía ocular. Pero como era un hombre muy discreto, solo bizqueaba cuando estaba en confianza, así que la mayoría de sus colegas de trabajo, amigos y conocidos no sabían ese secreto. Era un privilegio reservado solo a nosotros, a su familia.

Mi mamá y sus hermanos siempre fueron bizcos reprimidos… pero nosotros, la tercera generación, somos otra historia. Marcello y su hermano nacieron con semejante estrabismo que por varios años tuvieron que llevar un parche sobre un ojo… yo no sé si fue una medida correctiva o de plano quisieron tapar la verguenza familiar. Cuando estábamos en alguna comida familiar y Marce le hablaba a alguien, nadie sabía a quién se dirigía exactamente. Cuando tuvieron la edad suficiente, los llevaron derechito al quirófano y ahora ya se han reformado un poco.

Yo tuve ojos obedientes por muchos años, hasta que llegué a la preparatoria. Empecé a sentir fuertes dolores de cabeza y un día mi mamá me llevó con la oculista. La tipa me dijo que yo era bizca “por dentro”. Qué??? Cómo se puede ser bizco por dentro??? Pues sí, resulta que tengo un nervio débil gracias al cual me cuesta trabajo fijar los dos ojos en el mismo punto y hago más esfuerzo de lo normal. Ahí está… el origen del dolor de cabeza no era un tumor sino la bendita herencia.

La mayoría de la gente no lo nota, pero yo tengo un truco: si miro hacia arriba, mi ojo derecho se va de paseo. Y no hablo de una vuelta a la manzana…. no, el ojo en cuestión se va hasta Nepal y de regreso. Esto genera siempre muchas risas y no falta el que me dice: “hazlo otra vez”. Y yo encantada! Estoy orgullosa de mi herencia… quien puede presumir la habilidad de mirar dos cosas al mismo tiempo o de ver doble al ser amado?

Pero soy hipócrita, lo confieso. Vivo aparentando normalidad, normalidad ocular quiero decir. Solo bizqueo cuando estoy muy cansada o tengo mucha hueva y le digo a mi ojo: “ándale pues, vete a dar una vuelta… pero no te tardes”.

Are you talkin’ to me?